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  ACTUALIDAD  21 de diciembre de 2014
MI OTRO YO
Reynaldo Sietecase es conocido y respetado por su trabajo como periodista en radio, gráfica y TV pero su verdadera vocación es la poesía: “Jamás un diario me publicó un poema en mi vida, esta profesión me invisibiliza para hacer otras cosas”, dice.

Su departamento está perdido en las calles de Balvanera. El lugar es un amplio cuatro ambientes con pisos de madera, inmensas ventanas y una biblioteca que ocupa la totalidad de una de las paredes del living. Allí, hay más de 2 mil libros. Reynaldo Sietecase es un amante de la lectura y por sobre todo de la escritura. Tiene publicados seis libros de poesía, tres novelas negras y varias recopilaciones de sus crónicas periodísticas. 

Nos recibe descalzo y con las persianas cerradas. Acaba de despertarse de una breve siesta tras pasar toda la mañana en radio Vorterix, donde conduce el programa Guetap, que ya le valió varios premios, inclusive un Martín Fierro. Está cansado y asegura que le cuesta mucho levantarse temprano, pero charla con desenfado mientras tira la yerba de un mate frío en una servilleta, que luego arrojará a un tacho. “Esta costumbre me quedó después de hacerle una nota a un basurero. Me contó que lo que más le molestaba cuando revolvía la basura era la yerba”, se ríe. 
 
En otra habitación hay otra biblioteca, pero allí sólo guarda material de unas de sus más grandes pasiones: la poesía, rubro al que se dedica desde los 16 años y al que le brinda todos sus momentos libres. “La gente se sorprende pero hace años que escribo, sobre todo narrativa. Quizá se sorprenden más con la poesía. Yo podría dedicarme a otra cosa pero lo cierto es que se me conoce más como periodista y es lógico. La visibilidad que te dan los medios es abrumadora y todo lo que queda por fuera de eso queda opacado. Creo que no voy a dejar nunca de escribir aunque sí podría dejar el periodismo”, explica. 
 
Sietecase no está acostumbrado a hablar de este tema. Asegura que jamás le publicaron uno de sus poemas en un diario y que todas las notas que da son sobre política. Y no es para menos. En los últimos años, se convirtió en uno de los más agudos analistas políticos del país. Fue redactor en la revista Veintitrés, estuvo en los programas “Día D” y “Detrás de las Noticias”, condujo los programas “Tres Poderes” y “Lado Salvaje”, fue colaborador del diario Crítica y hasta escribió su “primer y último” libro periodístico llamado Kamikazes. 
 
“Lo escribí tras un cruce con Jorge Lanata en un Martín Fierro. Él se había enojado porque dije que el periodismo debía controlar no sólo al poder político sino también al económico. Esa semana me dijeron de todo, desde ‘genio’ hasta ‘hijo de puta’ y ‘vendido’”, explica. 
 
Por su labor periodística, ganó siete Martín Fierro, dos premios Eter y un Tato. Pero su vocación pasa por otro lado. 
 
Su primer contacto con la poesía fue de joven. Su papá tocaba folclore y le hizo darse cuenta de que las letras eran interesantes. Tenía una gran biblioteca en su casa y en su familia había mucha tradición oral. Él mismo, años más tarde, les contaría cientos de cuentos a sus hijos. “Creo que lo que mejor hago es contar cuentos”, confiesa. Su padre también cantaba y él iba a verlo a los espectáculos de folclore. Eso le dio cierta familiaridad. Su primer poema –asegura– fue bastante malo, era de amor, pero fueron sus primeros garabatos. Después estuvo en revistas literarias desde muy chico. Participó en un grupo llamado El Poeta Manco, en el que pintaban poemas de desaparecidos en las paredes de Rosario. 

 

 

 
- ¿La poesía te llevó al periodismo?
 
- De joven, a mí me interesaba la cultura. Yo nunca pensé que iba a hacer ser periodista. Mucho después me cayó la ficha de que se podía vivir de esto. Yo vengo de la literatura, no del periodismo. Antes laburé en una metalúrgica, después en una imprenta y también en un banco. Con el tiempo gané la beca de Clarín del año ’88. El primer día que entré a la redacción me di cuenta de que la gente escribía una nota y se iba a su casa. Ahí me nací periodista. Me dije: “Yo soy periodista. Quiero hacer esto”. Yo creo que uno puede nacer por el deseo. Uno tiene un nacimiento natural y una muerte natural. Y después tenés un nacimiento por el deseo y una muerte por el deseo. Lo ideal es que la muerte natural y del deseo ocurran juntas, pero hay un nacimiento que uno puede decidir. Yo volví a nacer en ese momento.
 
-¿Escribís todos los días?
 
-No, la poesía viene sola, no tengo fórmulas. Ahora estoy escribiendo una nueva novela policial y eso sí implica un plan. Puedo tardar dos o tres años en terminarla y la hago en el medio del laburo periodístico de todos los días, pero con la poesía es distinto. Aparece. Viene en ideas. Puedo andar años con una frase y resulta que un día me siento y la puedo bajar. No se puede forzar. El otro día un amigo me preguntó cómo hacía para tener tiempo para escribir. Aunque esté cansado, me siento y escribo dos horas porque para mí es como ir a jugar al fútbol, mi otra pasión. Me divierto, la paso bien. 
 
-¿La ficción es tu escape de la vida cotidiana? 
 
-Más o menos, porque en la mayoría de mis novelas tengo que investigar porque parto de un hecho real, que es el que me inspira. El policial es un género maravilloso porque tiene que ser verosímil y te permite entender lo que pasa en una sociedad. Si querés ver cómo funciona la justicia de Estados Unidos leete un policial norteamericano. Ahí te cuentan cómo funciona la estructura de las relaciones de poder y cómo se mueven los poderosos a nivel económico. 
 
- ¿Y en la Argentina cómo es un policial?
 
-No tiene detectives, no hay policías llevando a cabo las investigaciones y no hay policías buenos. Es un gran desafío. Es muy difícil hacer a un policía bueno después de la última dictadura militar, pero es una característica que hace singular el género en la Argentina porque tiene que ser verosímil. No sé si es un escape porque tomo muchas cosas de la realidad, pero sí es una diversión sentarse y seguir una historia donde se va inventando con elementos de la realidad pero no deja de sen una creación mía. Yo le pongo la misma pasión y entusiasmo a un cuento y a un análisis político. Ahora, los contratos que establezco con el lector de ficción y el lector de la realidad son diferentes. En la ficción puedo jugar e inventar, dar mi opinión; en el texto periodístico no, me tengo que atener  a los hechos sin inventar. Los dos planos, no se mezclan, lo tengo muy claro en mi interior. 
 
-¿Es difícil hacerse un lugar en el mundo de la poesía?
 
-Te quiero contar que jamás un diario me publicó un poema en mi vida, el periodismo me invisibiliza para hacer otras cosas. Pero tampoco se lo publicaron a grandes como Mario Trejo. No me quejo pero es así. No es ni malo ni bueno. Yo no me quejo porque también la visibilidad me permite hacer conocidos mis libros. Hay una vida en los suplementos literarios y otra fuera. Es difícil entrar y además no sé si se lee tanto. Yo tuve la posibilidad de que una editorial grande me edite poesía, que en general editan las pequeñas. Nunca tuve que pagar una edición cuando la mayoría de los poetas sí tienen que pagar. Tuve una suerte increíble. Torres Agüero me editó tres libros cuando era solo un pibe. Le dejé un original y Andrés Valle me llamó porque le habían encantado. Es raro lo que pasa. Los poetas regalan sus libros y son todas ediciones pequeñas. Igual, hay una legión increíble de gente que escribe poesía. 
 


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