Cristian aumentó 200 kilos tras la muerte de su hija. Tiene que bajar 150 para luego realizar la operación, que es muy costosa y por eso pide ayuda. 

Cristian apenas puede moverse por sus medios. El sobrepeso con el que carga casi le impide caminar. Siempre fue "gordito", asegura, pero la pérdida de su hija lo llevó en ocho años a aumentar 200 kilos. "Tengo que bajar 150 para luego poder operarme", explica. Sin embargo, la internación que necesita es muy costosa -ronda en los 800 mil pesos- y por eso pide ayuda.

"Después de perder a mi nena, me deprimí, perdí el laburo y dejé de moverme", cuenta al diario El Litoral de Santa Fe. Su meta es llegar a los 150 kilos para poder hacerse la cirugía bariátrica y posteriormente operarse de los así llamados "colgajos", una vez que haya llegado a su peso normal.

A pesar de lo difícil del objetivo, Cristian decidió no dejarse amedrentar: organizó una rifa y piensa armar un festival para conseguir fondos que le permitan comenzar con el tratamiento.

"Estoy inutilizado"
La vida de un obeso mórbido se llena de complicaciones. "No puedo atenderme en cualquier hospital porque, con mi peso, las camillas se rompen. No puedo siquiera hacerme un electrocardiograma de control", admite con dolor Cristian. Tampoco puede ir al dentista, ni sentarse en una sala de espera común.

"Después de casi diez años de renegar con esta enfermedad -por la obesidad mórbida- decidí contar lo que me pasa porque quiero vivir", dice. El hombre, de 40 años, cuenta con una tendencia genética que lo predispone a subir de peso, algo que, depresión mediante, se convirtió en una estrategia de autodestrucción silenciosa.

"Aumenté 200 kilos de los 32 a los 40 años. Perdí el trabajo y dejé de moverme. Soy maquinista especializado en maquinaria pesada como grúas, palas y sé de mecánica. Me defiendo en muchos trabajos, pero ahora estoy inutilizado", sostiene. Lo cierto es que, de a poco, Cristian comenzó a hacerse consciente de la gravedad de su estado.

n ese sentido, dejó de fumar y de beber desde hace unos meses, pero sabe que debe ir por más si quiere recuperar su calidad de vida. "El corazón, las arterias, se van resintiendo. No quiero morirme. La obesidad mórbida no es que tenés cuatro o cinco kilos de más; hay que vivirlo para saber lo que uno pasa", dice, y agrega: "Necesito volver a ser quien era. Esto es una enfermedad, me falta sólo una ayudita: si pude no encender más un cigarrillo, también podré ganar esto también", concluye con entusiasmo.

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