Se cumplen 71 años de la publicación del cuento. La dual explicación del escritor y el día en el que fue preso por tomar una facultad para enfrentar a Perón.

Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”. Ese es, tal vez, uno de los mejores remates de Julio Cortázar a lo largo de toda su carrera. El cuento en cuestión fue uno de sus primeros, Casa Tomada. El mismo que este mes celebra su 71° aniversario de publicación, en manos de nada menos que Jorge Luis Borges. Pasaron, acompañando la meticulosa obsesión del escritor por los detalles precisos, 25.915 días desde que apareció por primera vez en las páginas de la revista porteña Los anales, por entonces dirigida por el autor de El Aleph. Y, al presente, todavía sigue abierta la misma pregunta: ¿la expulsión de los hermanos de su hogar fue una metáfora al avance del peronismo en el país? Cortázar escribió "Casa tomada" el mismo año en el que Perón asumió su primer mandato. El cuento fue escrito en 1946 por un joven Cortázar. Juan Domingo Perón había ganado en febrero las elecciones, imponiéndose ante su rival, el radical José Tamborini, con el 52,84 por ciento de los votos. Apesumbrado y convulsionado por el mantenimiento de la intervención universitaria llevada adelante por el gobierno de facto del que también había participado el general, el joven profesor de 32 años renunció a las tres cátedras que dictaba en la Universidad de Cuyo. Empezaba así el primer capítulo de la turbulenta y no siempre consistente relación de amor y odio que mantendría los 38 años siguientes de su vida con el movimiento peronista. Duranto sus años de docente en Mendoza, junto a Sergio Sergi y Susana Ortega de Hoceva. No fueron pocos quienes señalaron, casi de inmediato, que el “silencioso avance amenazador” al que hace alusión el escritor en el cuento no era otra cosa que una metáfora hacia el peronismo. Las dudas por la doble interpretación llegaron hasta confundir al propio Julio Florencio, quien no tardó en aplicar su ingenio lúdico para dejar abiertas todas las puertas posibles, como siempre lo hizo con sus cuentos. “Fue para mí una sorpresa enterarme de que existía esa versión”, reconoció en 1977 en una entrevista concedida al canal español TVE. “Fue quizás la primera vez en que yo descubrí una cosa, que es muy bella en el fondo, y es la posibilidad de la múltiple lectura de un texto. Descubrir que hay lectores que te siguen como escritor, que se interesan en lo que tú hacés y que, al mismo tiempo, están leyendo tus cuentos o tus novelas desde una perspectiva totalmente diferente de la mía en el momento de escribirlas; y que tienen una segunda o tercera interpretación”, sumó. El plano de la casa en la que transcurre el cuento de Cortázar. Según el propio escritor, el texto fue concebido durante su estadía en la provincia de Mendoza. “Fue el resultado de una pesadilla. Soñé ese cuento, sólo que no estaban los hermanos. Había una sola persona, era yo, y algo que no se podía identificar me desplazaba, poco a poco, a lo largo de las habitaciones de una casa hasta echarme a la calle. Es decir que había esa sensación que tienes en las pesadillas del espanto total, sin que nada se defina. Simplemente el miedo en estado puro. Algo espantoso va a suceder un segundo después y, a veces, por suerte te despiertas”, sumó. Y así fue. Cortázar se despertó “totalmente empapado”. “Ya era de mañana, me levanté, tenía una máquina de escribir en el dormitorio y esa misma mañana escribí el cuento de un tirón. Es uno de mis cuentos más oníricos, pero no soñé exactamente el cuento, sino la situación del cuento”, reconoció. Cortázar escribió el cuento "de un tirón" luego de una pesadilla que lo dejó "empapado". ¿Cómo fue el verdadero sueño que inspiró el terror y activó la creatividad del escritor? “Estaba solo en una casa muy extraña con pasillos y codos. En un momento, desde el fondo, se oía un ruido muy claramente y eso era ya la sensación de pesadilla. Entonces yo me precipitaba a cerrar la puerta y a poner todos los cerrojos para dejar la amenaza del otro lado. Iba creando barricadas, hasta que la última puerta era la de la calle. En ese momento me desperté”, recordó. Cortázar estaba en Mendoza cuando tuvo lugar el 17 de octubre. Su lectura, entonces, es simple: se trató de un sueño. Pero, pese a eso, la insistencia de las teorías conspirativas que buscaban reavivar su dialéctica relación con el peronismo (que luego se fue transformando con el tiempo) hizo que no descartara por completo la idea de que, en realidad, el ruido era una manifestación inconsciente del movimiento justicialista. “Esa interpretación de que, quizás, yo estaba traduciendo mi reacción como argentino frente a lo que sucedía en la política no se puede excluir. Es perfectamente posible que haya tenido esa sensación que en la pesadilla se tradujo de una manera fantástica, de una manera simbólica. Me parece válido como posible explicación, pero no es la mía. Bien podría representar todos mis miedos, o quizá, todas mis aversiones; en ese caso, la interpretación antiperonista me parece bastante posible, emergiendo incluso inconscientemente”. La influencia onírica en la obra del escritor es clara y, en muchas oportunidades, explícita. “Los sueños con capitales en mi vida. Si hago la cuenta de los que dieron origen a mis cuentos deben ser muchos. Hay algunos sueños que puedo recordar nítidamente al despertar, otros trato de atraparlos y se me van como una nube. Pero los más terribles me marcan de tal manera. También tengo sueños alegres, por supuesto, pero nunca he escrito un cuento con ellos. O sueños anodinos o divertidos”. El despertar político del escritor nació en oposición al avance del poder de Perón en el país. En marzo de 1973, Cortázar volvería a hablar del cuento con Osvaldo Soriano. “Recuerdo que lo que más lamenta el personaje es que ‘del otro lado’ se hayan quedado sus libros franceses. Eso le importa más que los 15 mil pesos que perdió”, analizó el periodista. “Tenés razón, son esas frases que uno escribe y son hasta proféticas. Después, retrospectivamente, te das cuenta de lo que contenían esas frasecitas”, reconoció el escritor. La entrevista de Osvaldo Soriano a Cortázar: un imperdible para los admiradores de ambos. El protagonista había dejado en el armario de su dormitorio, el equivalente a USD3.554, es decir $58.045 en valores de la administración macrista. Un monto nada despreciable, pero de ninguna manera comparable con sus libros. “Alguien me preguntó alguna vez cómo era mi biblioteca de joven, la que dejé en Buenos Aires cuando me vine a París. Se componía, creo, de un sesenta por ciento de literatura francesa en lengua original, un veinte o treinta por ciento de literatura anglosajona, autores ingleses más que norteamericanos y el resto España y Argentina. Tal vez algo de Italia”, recordó. EL VÍNCULO DEL JOVEN CORTÁZAR CON EL “PRIMER PERONISMO” Y LA TOMA DE "SU" CASA La escritura del cuento llegó en uno de los años de mayores planteos existenciales del escritor, sólo superado, tal vez, por los primeros meses de angustia visceral parisina que, tiempo después, se convirtieron en la novela Rayuela. Era joven, no estaba casado, sufría el peso de tener que mantener económicamente a su familia y su trabajo -primero como profesor secundario y luego universitario- no lo realizaba financiera, ni intelectualmente. Pese a su manifiesto desgano, Cortázar había encontrado en su exilio mendocino un breve momento de paz. Una brisa de tranquilidad. Había logrado llegar a la universidad, pese a que él no tenía título universitario, y lograba sobrellevar la “monotonía pueblerina”, tal como él la describió en su correspondencia, con escapadas a la casa de su amigo Sergio Sergi (seudónimo utilizado por el pintor y grabador Sergio Hocevar). Años después, el escritor le reconocería "algunos méritos" al peronismo. El avance del peronismo en la casa de estudios provincial, que puso primera luego de aquel histórico 17 de octubre de 1945, no amedrentó a Cortázar. Al contrario, potenció su hasta entonces soslayado espíritu de lucha. El padre de los cronopios no se rindió fácil. Meses antes de abandonar sus tres cátedras (dictaba dos módulos iniciales de literatura francesa y uno de literatura de la Europa Septentrional), el profesor, cuyos rasgos juveniles e inexistencia casi de barba le permitían camuflarse con facilidad con el estudiantado, se sumó incluso a la toma de la facultad. “Con cincuenta alumnos y cinco colegas vivimos cinco días completamente sitiados, recibiendo las consabidas bombas de gases, amenazas, etc. Por fin nos allanaron, estuvimos presos. Este simple resumen, que alguna vez le ampliaré con anécdotas bastante divertidas, le mostrará la clase de existencia que nos toca a los universitarios argentinos. Desde entonces, hasta hoy, hemos continuado luchando por el ideal que defendemos”, le escribió en su momento a su amiga Lucienne Chavance de Duprat. Cortázar junto a Sergi y su mujer, sus mejores amigos en Mendoza. Fue todo un acto de rebeldía para aquel hombre afrancesado, de chistoso e incómodo caminar por su inusual altura y conversación ausente. Estuvo un día preso. Lo acusaron de “nazi” y de “fascista”. Denunció que el Correo provincial se había “ensañado particularmente” con su correspondencia. “Parece altamente interesado por conocer mis opiniones”, denunció en la misma misiva a Lucienne. Corría el mes de diciembre de 1945. Faltaban todavía otros dos meses para que Perón ganara las elecciones. Con el clima completamente caldeado en la casa de estudios, Cortázar recibió otra dura noticia: debía presentar a concurso en marzo sus tres cátedras y era poco probable que la Universidad lo renovara como docente. Así, el escritor viajó a Buenos Aires para dar su batalla final y militar de modo abierto contra la fórmula peronista. “Las cosas siguen que arden. Tengo la leve impresión de que va a ocurrir algo grande antes del 24 (el domingo de febrero en el que se celebraron los comicios). He pulsado todo lo posible el ambiente y me he mezclado bastante en el proceloso mar de la política, como le dicen. Estuve en la proclamación de la lista comunista en el Luna Park, en la del P.S. Y, finalmente, ayer tuve el inmenso orgullo de estar en la avenida 9 de Julio cuando la proclamación de la fórmula democrática. Presumo que habrá visto por las fotos de los diarios lo que fue eso. Si después de esto el Coronel retirado (por Perón) tiene todavía alguna esperanza de ganar en las elecciones correctas… evidentemente le funciona mal el piso alto”, le advirtió a Sergi el 10 de febrero previo a los comicios. Las elecciones de 1946 y la desazón del “militante Cortázar” La predicción política de Cortázar fue errada. Aquel domingo, el “coronel retirado”, como lo llamó con desdén, se alzó con la Presidencia de la Nación. Sólo 23 días después, desilusionado por el futuro político que vislumbraba para el país, el escritor le presentó su renuncia al interventor de la Facultad de Filosofía y Letras de Cuyo, Alberto Corti Videla. Volvía a Buenos Aires, derrotado. La edición de "Los anales" en la que Borges publicó por primera vez el cuento de Cortázar. “Participé en la lucha contra el peronismo y, cuando Perón ganó las elecciones presidenciales, preferí renunciar a mis cátedras, antes que verme obligado a ‘sacarme el saco’, como les pasó a tantos colegas que optaron por seguir en sus puestos”, reconoció años después. Su partida no pasó inadvertida por el estudiantado con el que había tomado la Universidad. De hecho, se despidió de ellos con una poco usual misiva dirigida a los alumnos del centro de estudiantes. A continuación, los fragmentos más destacados de la carta. “He decidido adelantarme así, definitivamente, a toda decisión oficial sobre mi situación en la Casa. Guardaré sus nombres en el recuerdo, con el orgullo más grande –y tal vez más justificado- de mi vida docente”. “En esta hora en que pasiones tristemente desatadas en nuestra Universidad se concitan más que nunca en torno a las falsas interpretaciones y los comentarios deliberadamente tendenciosos; en esta hora en que una casi monstruosa subversión de valores, permite a la medianía aferrada a posiciones mal ganadas y peor mantenidas, erigirse en supuesta representación auténtica de la realidad argentina y fulminar anatemas contra todo aquel que comete el nefando delito de desenmascararla y combatirla”. “Se está siempre en desventaja cuando se choca con personas que consagran su tiempo perfeccionándose en el dudoso arte de una política universitaria como la que se ha querido imponer en Cuyo. Se pierde la serenidad, esencial a toda labor de creación o investigación, cuando a las puertas de la cátedra honesta se agazapa la medianía enarbolando, desde mal obtenidas sinecuras docentes, un supuesto apostolado patriótico y democrático que en el fondo no cree ni respeta, y tras cual se oculta –verdadera razón del ataque- un histérico terror a los que valen más y ganan con su valer el afecto de sus alumnos”. El escritor, durante una de sus contadas visitas al país. Su posición era clara: no sólo desestimaba al movimiento peronista por su bajo nivel intelectual, sino que además lo catalogaba de “antidemocrático”, “mediocre” y “malhabido”. Le esperaban otros cuatro años más de Juan Domingo Perón. Cortázar abandonó el país en 1951, tras la reelección. Nunca quiso hablar de exilio político. “Me fui porque se me dio la gana”, solía aclarar cada vez que intentaban colgarle ese mote. Una de sus últimas fotos con vida. Tenía 70 años y, según su última biógrafa, había contraido sida por una transfusión. La llegada del PJ al poder pateó por completo su tablero de vida. Soltero, pero con la obligación de mantener a su madre, María Herminia, y hermana, Ofelia, el escritor no podía darse el lujo de quedarse sin trabajo. Y así, empujado por la fuerza del movimiento social y político que tanto supo despreciar, Cortázar se vio obligado a torcer su destino. Comenzaba la serie de acontecimientos silenciosos que lo desplazaría, tal como les sucedió a los hermanos de su cuento, fuera de su trabajo, de su hogar y, cinco años después, del país. Los Cortázar vivieron en el tercer piso del departamento ubicado sobre la calle Artigas. De regreso en Buenos Aires, se instaló en un pequeño monoambiente céntrico, aunque solía pasar la mayor parte de sus días en el modesto departamento de la calle Artigas, del barrio de Agronomía, que doce años antes les había logrado comprar a “sus mujeres”. Se incorporó rápido a la planta de empleados de la Cámara Argentina del Libro y se inscribió en la carrera de traductor público de inglés y francés. Fueron nueve meses de meticuloso y obsesivo estudio, pero el escritor se quedó con el título dos años antes de lo estipulado. Fue, en definitiva, su indefectible pasaporte a París. Cortázar con Aurora Bernárdez, su primera mujer. Por ese entonces ya coqueteaba con Aurora Bernárdez, su primera mujer con quien se casaría dos años más tarde. No sin antes superar una suerte de dramático triángulo amoroso con Edith Aron, la mujer en quien, aseguran, se inspiró para construir desde su departamentito parisino y mientras comía “queso con anchoas” el personaje de La Maga. Edith Aaron, la mujer en la que aseguran Cortázar se inspiró para crear a La Maga. Todavía en el país y abocado a su “monótono y gris trabajo esclavista” en la Cámara, Cortázar contraponía los recuerdos que le había dejado su primer viaje a Francia con las postales que le ofrecía la realidad argentina. Por ese entonces, Perón comenzaba su segundo mandato y su nivel de popularidad se mantenía elevado. El escritor murió en febrero de 1984 en París. Sus restos permanecen en el cementerio Montparnasse. Agobiado por la “insoportable levedad” que le ofrecía la Argentina y luego de disfrutar un relativo reconocimiento del establishment literario local tras la publicación de su primer libro de cuentos, Bestiario, obtuvo una prestigiosa beca del gobierno francés y se instaló en la Casa Universitaria de la Argentina. No sin antes, claro, cerrar con llave la puerta de su casa. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera, a esa hora y con la casa tomada.

FUENTE BIG BANG NEWS

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